10 de marzo de 2008

Historias nacidas en la red

Estaba pensando en cómo ha cambiado nuestra vida personal desde que apareció Internet y en las nuevas formas de relacionarnos que hemos encontrado. También en las propias experiencias, no siempre tan buenas, pero seguro que no tan malas como la de la estudiante de Gijón herida por el amigo de chat en una trama digna de novela policíaca, o aquella mucho más chistosa de dos mexicanos que se conocieron a través de la red y bautizaron a su hijo con el nombre de Yahoo, aún cuando los sorprendidos funcionarios del registro civil se cansaron de advertirles del daño psicológico que podrían ocasionar al menor.

Pero bueno, más terrible –si es que es cierto- parece ser el caso de la venezolana María Eugenia Fernández Moreno, que a sus 29 años se enamoró de un galán, y entabló nutrida correspondencia virtual con él. El caso es que él se presentó en su departamento y días después la policía encontró a la pobre chica muerta por asfixia.

El homicida, que se dice llamar Antonio Guillén, “El Católico”, Damián -y sepa usted que más- se llevó la tele, los celulares y todo lo encontró de valor. La policía cree que se trata de quien antes de encontrar esta maravillosa fuente de ingresos pertenecía a la temible banda de Los Sanguinarios.”
O esta el caso, ese si bien documentado, de
Moisés que se enamoró de Irene en un chat; pasaron un fin de semana juntos y ella no quiso iniciar una relación sentimental con él. Al poco se puso de novia con José Luis, al que también conoció en la red.

Moisés, desesperado porque el acoso no daba respuestas, amenazó a Irene con matarla a ella y a su affair; se mudó a la ciudad de ésta y contactó a José Luis en el chat haciéndose pasar por mujer, lo citó y nomás lo vio aparecer lo asesinó a puñaladas. Veinte para ser exactos, cinco menos que los años que pasará en la cárcel. ¿Qué onda con eso de las identidades cambiables?
Adriana Konzevik

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